Todo esto para Tim no era nuevo, pues ya le ocurría de vez en cuando desde hace un par de años. Tim tenía el desgraciado don de saber con una certeza casi del cien por cien lo que ocurriría en un futuro muy lejano.
Al principio sus viejos amigos no le creían, pensaban que todo era pura casualidad mezclada con un poco de suerte, al fin y al cabo, las probabilidades son cincuenta contra cincuenta. Pero al ver que nunca fallaba, empezaron a tener envidia (es normal, ¿quien no querría adivinar el futuro?).
En cambio, a Tim siempre le disgustó ese "don maldito". Y es normal, si ya sabía que lo iba a pasar, ¿de qué le serviría cada acción que hiciese?. Nada condicionaba a nada, aquello pasaba porque sí, porque tenía que pasar, era necesario y nadie podía hacer nada por cambiar.
De este modo llegaron las mayores decepciones en la vida de Tim, no veía por qué levantarse, hacer esto u hacer lo otro, si de todos modos nada cambiaría aquellos trágicos finales. De todos aquellos, solo uno fue bueno, pero intrascendente.
Él me ha contado que esos tiempos empiezan a volver, ya ocurrió algo la semana pasada, y ayer. No son malos, pero tampoco indican algo bueno. Todo esto lo pone nervioso y lo único que puede hacer es o bien no hacer nada, o al caminar no pisar la baldosa equivocada.